Tengo 23 años. Por primera vez en mi vida pienso que he alcanzado un sobrio nivel de maduración personal y para decir esto me baso en la tolerancia. Cada día me respeto un poco más y también al resto, me cuesta, con tanta deyección suelta por ahí me cuesta, pero creo que voy avanzando. Un ejemplo: cada día simpatizo un poco más con el “madridismo”: aquella caverna de seres cuyos principales atributos son la humildad, la profesionalidad y la modestia.
Me gusta el humor, cada día que pasa aprecio más el ingenio humorístico de las personas y supongo que por esta razón estoy simpatizando con el madridismo. Creo que hasta el punto de caerme bien, no puedo evitarlo, cada vez que veo algún madridista conversar, automáticamente me descojono, me parto la polla, es algo instantáneo, entro en un estado de profunda risa incontrolable.
Es poner la televisión, escuchar algún discurso madridista y un no parar, unos dolores abdominales continuos, como si el jolgorio se apoderara de mi cuerpo, una puta fiesta vamos. Los de paramount comedy deberían plantearse seriamente contratar a un par de madridistas para sus shows, porque eso es lo que son, un circo, son monologuistas de primera, son capaces de soltar hasta el más ocurrente excremento por sus bocas.
He llegado a la conclusión de que el madridismo ayuda seriamente a la conservación medioambiental del país, son grandes ecologistas, reciclan diariamente, hasta el punto de comerse su propia mierda y en un estado de indigestión soltarla de nuevo por la boca, porque básicamente es lo que hacen al hablar, soltar una serie de absolutos y nauseabundos truños en forma de palabras.
Tribu de simios, mandriles, seguís oliendo a fascismo y encima ahora también a boñiga.
diumenge, 7 de febrer del 2010
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