dijous, 24 de setembre del 2009

Mi propio YO.

La memoria, la personalidad, las emociones y otros rasgos psicológicos son indicativos de la identidad de una persona, pero no la constituyen en sí. En los tiempos que corren, el ser humano está ganando en inseguridad viendo que los trastornos mentales abundan cada día más en nuestras calles. Los trastornos psicosomáticos son la enfermedad del futuro y presente. Mucha gente siente temor al pensar que una alteración psicológica puede provocar una transformación en otra persona, es decir, ser la misma persona pero con distintas características. Es por ello que decimos que "la perspectiva de la tortura física agudiza la mente". Cuando vemos el peligro de padecer un dolor físico, pensamos en nosotros como cuerpo y no como cerebro. El cerebro, más que el órgano líder de nuestro cuerpo, es el último refugio de nuestro propio yo.

Si alguna vez se perfeccionasen los transplantes de órganos nerviosos, mi cuerpo, como mi coche actual, podría pertenecer a otro. Sin embargo, no existe ni la más remota posibilidad de que mi cerebro pueda pertenecer a otro. El día en que muera(es una hipótesis), podría donar mi hígado, mi traquea o incluso mis testículos, pero no podría donar mi cerebro, nunca, ya que si así fuese, yo habría resucitado.

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